sábado 21 de marzo de 2009

Inseguridad

“Los policías están atados de pies y manos, y no hacen nada”, me dice Ricardo, de 78 años, mientras a nuestro alrededor miles de personas corean al unísono “el pueblo, unido, jamás será vencido”. En sus manos, carteles que recuerdan a sus familiares, víctimas de la violencia callejera y cuyos asesinos, en la mayor parte de los casos, nunca fueron capturados.

“Se siente, se siente, los pibes están presentes” es el nuevo grito de guerra de las casi veinte mil personas concentradas en la histórica Plaza Mayo de Buenos Aires para luchar contra la inseguridad.

Norma vivió en propia carne esta lacra cuando en 2004 un disparo le arrebató la vida a su hermano. Hoy todavía no saben quién lo hizo. “Todas las ilusiones de una familia quebradas por un loco”, explica conmocionada.

Aunque los índices de violencia en Argentina no pueden ser comparados con los que se viven en otros países de América Latina, vivir la vorágine de una manifestación en la que los protagonistas son las víctimas de una situación difícilmente reparable hace que se te ponga el vello de punta. Una pena que, como siempre, el acto terminara siendo politizado. Por algo nunca me gustaron las manifestaciones…

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